Por Juan Venezia, Product Designer en Paisanos
En un contexto donde todo parece tender a la simplificación extrema, el diseño también puede ser una forma de contar historias. Este artículo recorre el proceso creativo detrás de Twin: lo que empezó como un pedido puntual de logo y terminó convirtiéndose en la construcción de una marca con identidad, propósito y proyección en el tiempo.
Más que mostrar un resultado, este texto abre el proceso: cómo pensamos, cómo exploramos y cómo este enfoque puede aplicarse a otros desafíos creativos. Porque a veces, diseñar no es reducir, sino dar sentido.
El inicio: el logo de una historia
El proyecto de Twin comenzó con una frase simple: “Necesitamos un logo”.
Pero detrás de ese pedido había algo más profundo: la necesidad de construir una marca capaz de contar una historia, de transmitir confianza y, al mismo tiempo, moverse con naturalidad en un ecosistema tecnológico complejo.
El universo web3, crypto y blockchain suele percibirse como técnico e intimidante. Incluso para quienes trabajamos en diseño. Ahí apareció el primer desafío conceptual: ¿cómo traducir un mundo altamente técnico en algo humano, cercano y comprensible?
Desde el inicio entendimos que Twin debía hablar dos lenguajes a la vez.
Por un lado, el institucional: confianza, seguridad, estructura.
Por otro, el digital: innovación, flexibilidad, evolución constante.
Twin tenía que ser un puente. Dos caras, una misma identidad.

El tallado: entender antes de diseñar
Cada proceso de identidad empieza, para mí, de la misma manera: buscando. Entendiendo antes de diseñar.
La exploración atraviesa múltiples capas: referencias visuales, arquitectura, tipografías, movimientos artísticos, materiales, colores. Herramientas como Mobbin, Awwwards, Pinterest, Instagram o X funcionan como disparadores, cada una desde un ángulo distinto.
No es un proceso lineal. Una imagen lleva a otra. Un concepto abre una nueva puerta. Hasta que, en algún punto, el algoritmo empieza a repetirse. Ahí aparece la señal: es momento de frenar, ordenar y empezar a crear.
En ese recorrido, un concepto empezó a emerger con fuerza: la arquitectura clásica. Columnas, cúpulas y estructuras que, desde hace siglos, comunican estabilidad, permanencia y confianza.
Ese hallazgo abrió una metáfora central.

El tablero, no la pieza
El ajedrez apareció como imagen mental: un juego de estrategia, no de azar. Cada pieza tiene un rol, pero es el tablero el que hace posible el juego. Twin no debía ser la pieza, tenía que ser el tablero.
Esa idea nos llevó aún más atrás, al Renacimiento y a Florencia. Una época donde el ser humano pasó al centro, donde la proporción, la simetría y el detalle se convirtieron en una forma de entender el mundo.
Ahí se definió el espíritu de Twin: una marca con alma renacentista, capaz de recuperar lo clásico para hablar del futuro. Como dijo El Eternauta (y como repitió Santi Echazú, CCO de Paisanos, en el lanzamiento del proyecto): “Lo viejo funciona”.
En un mundo que busca simplificarlo todo, volver a lo tradicional puede ser un gesto profundamente contemporáneo.
La obra: darle cuerpo a la idea
Desde las primeras reuniones hubo una definición clara: Twin debía tener la solidez de una institución financiera, sin perder la flexibilidad de un producto digital.
El logo no podía ser simplemente minimalista. Necesitaba ser complejo en su significado, capaz de transmitir dualidad, estabilidad y a la vez, permitir la expansión del sistema.
La síntesis llegó en un símbolo construido a partir de elementos reconocibles:
- Dos estructuras laterales idénticas, como reflejo de la dualidad.
- Un arco de medio punto en el centro, con raíz directa en la arquitectura renacentista.
- Una moneda circular, pensada como sistema: un recurso que permitiera crear submarcas y símbolos propios para cada vertical de Twin.
Nada fue arbitrario. Incluso la moneda del logo principal se trabajó a partir de una abstracción del Hombre de Vitruvio, buscando equilibrio, proporción y uniformidad visual.

Tipografía, color y materia
La búsqueda tipográfica fue extensa. La marca necesitaba transmitir confianza y elegancia, pero también adaptarse a múltiples soportes digitales. La solución fue una combinación: una tipografía institucional para titulares y otra más limpia y contemporánea para textos y usos funcionales.
El color llegó con una condición clara del cliente: “Nada de azul marino.” Y sin embargo, el azul apareció.
No cualquier azul, sino ultramar: el del lapislázuli, el del manto de la Virgen, un pigmento que en el Renacimiento valía más que el oro. Un color con historia, profundidad y peso simbólico.
A su lado, un naranja vibrante aportó energía y contraste. Tradición e innovación conviviendo en tensión. La paleta se completó con blancos, negros, grises y dorado, reforzando el tono institucional.
Ilustrar dos mundos en uno
Las ilustraciones terminaron de cerrar el relato visual. Cada pieza fue pensada como una síntesis: mitad material, mitad digital.
Para lograrlo, se combinaron herramientas de generación visual como Midjourney y Nano Banana, creando versiones realistas y digitales del mismo objeto, luego unificadas en una sola composición. El resultado: un sistema visual coherente, capaz de adaptarse a monedas, planetas, piezas de ajedrez o llaves, sin perder intención ni detalle.
Un universo donde dos mundos no compiten, conviven.
El museo: cuando el diseño empieza a vivir
Twin fue un proyecto atravesado por el amor al detalle y las ganas de contar algo más. Desde el primer día hubo una historia pidiendo salir, y el trabajo fue acompañarla.
El vínculo con el equipo de Twin fue clave. No hubo una relación cliente–proveedor, sino un proceso compartido. Conversaciones, debates, ajustes, entusiasmo. Hasta que llegó esa frase que todo diseñador espera escuchar: “Ya no tenemos más comentarios. Es por ahí.”
Ahí entendés que el trabajo cumplió su ciclo.
Porque cuando una marca empieza a vivir, deja de pertenecerte del todo. Empieza a crecer, a transformarse, a aparecer en lugares inesperados. Y esa es, quizás, la parte más linda del diseño.

Hecho para trascender
Lo que empezó como un pedido de logo terminó siendo una historia. Una sobre diseño, tiempo, confianza y proyección.
Twin nos recordó algo esencial: el diseño no es solo simplificar ni resolver problemas visuales. Es contar mejor, crear relatos que conecten personas, ideas y futuro.
Diseñar sigue siendo eso: darle forma a una idea para que alguien la sienta.

4 preguntas (y respuestas) clave
¿Qué es el diseño de identidad de marca?
El diseño de identidad de marca es el proceso de construir un sistema visual y conceptual que represente los valores, la personalidad y el propósito de una organización. Va más allá del logo: incluye tipografía, color, símbolos y narrativa.
¿Por qué es importante el proceso creativo en branding?
Porque una marca sólida no surge de decisiones aisladas, sino de entender el contexto, el negocio y la cultura. El proceso creativo permite que la identidad tenga coherencia, profundidad y proyección a largo plazo.
¿Cómo se diseña una marca para entornos digitales complejos como web3?
Traduciendo lo técnico en lenguaje humano. El foco está en construir confianza, claridad y cercanía, sin perder rigor ni solidez institucional.
¿Qué diferencia a una marca con propósito de una puramente estética?
Una marca con propósito tiene una historia, una intención y una lógica que guía cada decisión. La estética es una consecuencia, no el punto de partida.
¿Querés saber cómo lo llevamos a la práctica? Visita el caso completo de Twin acá.







