Por Ignacio Margulies — Ex CPO en Paisanos
Hay un dato que incomoda, especialmente en América Latina: 97 de cada 100 grandes empresas no siguen buenas prácticas de innovación.
No es un número anecdótico. Es una señal de alerta.
La consecuencia es clara: las organizaciones que no innovan de forma sistemática corren un riesgo real de desaparecer. Y no se trata de startups frágiles o proyectos experimentales, sino de compañías que alguna vez fueron líderes en su industria.
Es probable que, al leer esto, aparezca un pensamiento conocido: “esto no le puede pasar a mi empresa, llevamos años liderando el mercado”.
Ahí es donde aparecen las buenas y las malas noticias.
Cuando el tamaño deja de ser una garantía
La mala noticia es contundente. El 52 % de las empresas que formaban parte del S&P 500 en el año 2000 ya no existen.
Más de la mitad de las compañías más importantes del mundo desaparecieron en poco más de dos décadas.
Además, la expectativa de vida de las empresas se acorta de forma acelerada: pasó de 33 años en 1964 a 24 años en 2016, y se estima que caerá a apenas 12 años hacia 2027.
El riesgo a corto plazo puede parecer bajo, pero a largo plazo es altísimo.
La buena noticia es que este destino no es inevitable. Las empresas que adoptan buenas prácticas de innovación aumentan de forma significativa sus probabilidades de sobrevivir y diferenciarse. Estudios de McKinsey muestran que las organizaciones que innovaron incluso en contextos de crisis obtuvieron rendimientos hasta un 30 % superiores frente a las que no lo hicieron.

Innovar no es opcional, es defensivo
La pregunta clave no es si hay que innovar, sino cómo hacerlo de manera consistente.
Para responderla, conviene introducir un concepto central del mundo startup y del capital de riesgo: el MOAT.
Originalmente, el moat era el foso que protegía a los castillos medievales. En negocios, representa la ventaja competitiva que una empresa construye para defenderse de competidores, cambios de mercado, fuerzas macroeconómicas y nuevas tecnologías.
Las startups nacen con la obsesión de crear su MOAT porque, sin él, no sobreviven.
Las empresas establecidas, en cambio, suelen caer en una zona de confort: modelos que funcionan, ingresos previsibles y baja incertidumbre aparente. El problema es que esa comodidad suele anestesiar la capacidad de anticipar cambios profundos.

La transformación digital ya no alcanza
Durante años, hablar de transformación digital era sinónimo de innovación. Hoy ya no lo es.
La digitalización es un estándar mínimo, no un diferencial.
Si queremos crear o expandir nuestro MOAT, la historia muestra un patrón claro: innovar de forma continua, diseñando y probando nuevos modelos de negocio, incluso cuando el core actual sigue funcionando.
No hacerlo es una apuesta silenciosa a que el contexto no va a cambiar. Y la historia demuestra que siempre cambia.

Los tres pilares de una innovación que funciona
Para innovar de manera sistemática (y no esporádica) las empresas necesitan trabajar sobre tres pilares inseparables.
1. Un portafolio de innovación equilibradoNo alcanza con tener ideas sueltas. Es necesario construir una cartera diversificada que combine iniciativas de eficiencia, mantenimiento y disrupción.
Un ejemplo clásico es Amazon.
- Las iniciativas de eficiencia mejoran márgenes (como la automatización logística).
- Las de mantenimiento expanden el modelo existente (como Kindle).
- Las disruptivas crean nuevos negocios: Amazon Web Services hoy representa cerca del 17 % de los ingresos, pero más del 30 % de la rentabilidad.
El error más común en grandes empresas es enfocarse solo en eficiencia. Mejora números de corto plazo, pero no protege del riesgo de desaparición.

2. Un programa de innovación con resultadosMuchas organizaciones confunden actividad con impacto. Tener workshops, labs o eventos no garantiza resultados.
Un marco útil, desarrollado por Strategyzer, permite clasificar las iniciativas en cuatro tipos:
- teatro de innovación,
- constructor de cultura,
- motor de valor,
- catalizador de transformación.
El verdadero objetivo es llegar a este último: iniciativas que generan resultados financieros y, al mismo tiempo, transforman la cultura interna.
En Paisanos solemos mapear todas las actividades existentes para decidir qué frenar, qué potenciar y qué incorporar. Innovar también implica decidir qué no hacer más.

3. Una cultura que habilite la innovación
Uno de los errores más comunes es pensar que innovar equivale a “romper las reglas”.
Si el 92 % de las nuevas ideas fracasan y solo se premia a quienes desafían el sistema, estadísticamente la innovación sostenida es imposible.
La alternativa es construir una cultura donde innovar forme parte de las normas, no de la excepción.
Eso implica identificar bloqueos culturales, diseñar facilitadores y, sobre todo, contar con compromiso real del nivel C. Sin sponsorship ejecutivo, los resultados no llegan.
Innovar en LATAM: una oportunidad real
En Paisanos creemos que la innovación es una palanca clave para transformar América Latina.
Por eso, además de acompañar a empresas en la implementación de programas de innovación, trabajamos activamente en generar conocimiento aplicado sobre temas como:
- empresas ambidiestras,
- retorno vs. rendimiento de portafolios de innovación,
- métricas para equipos financieros,
- sprints de innovación para validar nuevos negocios.
Innovar no es una moda. Es una decisión estructural sobre cómo sobrevivir y crecer en un contexto cada vez más incierto.
Para entender mejor cómo innovar sin caer en el “innovation theater”
Cuando se habla de innovación corporativa, suelen aparecer algunas dudas recurrentes. Estas son las más frecuentes.
¿Innovar implica asumir riesgos innecesarios?
No. Innovar de forma estructurada reduce riesgos a largo plazo, ya que permite experimentar en entornos controlados antes de que el mercado obligue a hacerlo.
¿La innovación es solo para startups?
No. Las empresas establecidas tienen más recursos, datos y capacidades. El desafío está en activar esos activos sin quedar atrapadas en la inercia.
¿La transformación digital sigue siendo innovación?
Hoy no. Es un requisito básico. La innovación aparece cuando se diseñan y prueban nuevos modelos de negocio, no solo cuando se digitaliza lo existente.
¿Se puede medir el impacto de la innovación?
Sí. Existen métricas y marcos claros para evaluar portafolios, retornos y aprendizaje, especialmente cuando la innovación se gestiona como un sistema.






