
No todas las historias empiezan con una gran revelación, a veces empiezan con un pedido que parece chico.
Coderhouse llegó a Paisanos con uno de esos pedidos: “Queremos un logo nuevo” dijeron. Mostrarse diferente, un lavado de cara… nada fuera de lo común. Pero para nosotros cuando una marca está por cambiar de piel, lo primero que conviene mirar no es la forma, sino la intención.
Su desafío ya no era solo vender cursos, sino sostener trayectorias profesionales y acompañarlas. Pasar de ser un un catálogo de cursos a una plataforma de orientación profesional, de habilidades a acompañamiento para tu futuro laboral.
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Coder lleva años creciendo en LATAM, construyendo comunidad e instalándose en las conversaciones de toda persona que quiera empezar a estudiar relacionado a la tecnología. Pero ahora quiere abrir otro capítulo: reposicionarse, hablarle también a empresas, preparar el aterrizaje en Estados Unidos, dejar atrás la percepción de “cursos online en vivo” pero sin renunciar a la frescura y cercanía que los hizo masivos.
Ese nuevo capítulo entonces, necesitaba algo más que un restyling de logo, necesitaba un norte. Por eso, antes de diseñar, paramos. Entramos en modo escucha: negocio, audiencias, expectativas, fricciones, ambiciones… Y apareció un patrón que se repetía: Coderhouse no quería parecer más grande, quería ser más grande.
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“Horizonte” redefinió cómo Coderhouse se presenta
al mundo: ya no vende cursos, sino trayectorias. El nuevo sistema de identidad alineó diseño, tono, producto y comunicación bajo una misma idea de progreso continuo.
Construir futuro hoy, es estar radicalmente presente: al día, curioso, aprendiendo en tiempo real. Ahí la curiosidad prende fuego todo, el nuevo conocimiento se comparte y el camino deja de ser solo tuyo para volverse colectivo.
Y sí, al horizonte nunca se llega.
Y está perfecto que así sea.
Porque cuanto más avanzás hacia él...
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La marca ganó claridad, coherencia y proyección internacional. El rebranding permitió fortalecer el vínculo con estudiantes, empresas y mentores. Permitió ordenar su presencia visual y narrativa y asentar las bases para su siguiente etapa de crecimiento como plataforma horizontal de educación y empleabilidad.
Antes de meternos con conceptos, necesitábamos entender bien qué estaba pasando.
Ordenamos todo: cómo funciona hoy Coderhouse, qué esperan sus estudiantes, qué buscan las empresas, qué les pesa y qué los entusiasma. También miramos hacia afuera afuera: la competencia es enorme y los cursos (en un mundo lleno de tutoriales y contenidos gratuitos) ya no alcanzan para diferenciarse.
Ahí apareció el punto clave: el valor real no está en la
clase, está en el camino que alguien recorre y en cómo
lo acompañás.
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“Horizonte” tenía algo que los otros no: ordenaba la ambición sin romper la esencia. Miraba al futuro sin ponerse solemne. Y lo más importante: recuperaba la cultura horizontal que definió siempre a Coderhouse.
Con ese concepto, las ideas empezaron a acomodarse. No como moodboard (nunca quisimos caer en la postal del atardecer) sino como una atmósfera. Un clima con acentos cálidos, la chispa que aparece en la línea del horizonte. Una paleta que al principio generó dudas
(rosa, naranja, amarillo), pero que cobraba vida cuando
se veía aplicada: no eran colores lindos, eran
colores representativos.
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Volvimos a la mesa con una única pregunta: ¿qué hace más nítido el horizonte? Y entonces llegó el momento en que todo encajó.
Diseño, narrativa y estrategia empezaron a hablar el mismo idioma, la marca dejó de verse como un “update” y empezó a sentirse como una forma nueva de pararse en el mundo. No era un logo: era un sistema para ordenar comunicación, producto, tono, fotografías, experiencias.
La identidad empezó a formarse, la plataforma dejó de presentarse como un catálogo y pasó a comportarse como un mapa de trayectorias: hitos, progresos, entregables visibles. La IA que ya existía en Coder con su tutor 24/7 y el generador de cursos, encontraron su rol natural: no protagonista, sino copiloto. La comunidad dejó de ser un claim y se volvió escena. Y las empresas empezaron a verse no como audiencia secundaria, sino como partner que evalúa desempeño real.
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Lo que empezó como un pedido de restyling de su logo, terminó siendo un reposicionamiento completo. Una marca que se corre de “escuela de cursos prácticos” y se transforma en un sistema operativo de la educación.
Una marca que no promete destinos, sino futuros en expansión,porque al final del día, lo que hicimos no fue un logo, fue abrir una dirección.
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