
Kavak llegó con la sensación de que el crecimiento estaba empezando a tensar la estructura.
Su pedido inicial parecía concreto, crear un nuevo design system, darle coherencia y lograr que todos los diseñadores trabajaran sobre la misma base. En ese momento, el foco estaba puesto en Argentina y en lo que ya existía: una web, una app, ciertos criterios definidos pero aplicados de manera desigual.
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Lo que empezó como un encuadre relativamente claro cambió rápido.
Porque Kavak no es una operación local. Es una organización regional, con equipos distribuidos entre México, Argentina y otros mercados, con liderazgos en distintos países y con productos que evolucionan en paralelo. Mientras avanzábamos en las primeras conversaciones, empezó a hacerse más evidente algo que ya estaba sucediendo internamente: Kopi (una aplicación que ya existía y venía desarrollándose) comenzó a ganar protagonismo. Su lógica, más tecnológica y atravesada por inteligencia artificial, empezó a poner en discusión hacia dónde debía evolucionar el ecosistema completo de productos de Kavak.
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Con ese cambio de foco, la aplicación que hasta entonces funcionaba como referencia dejó de ser el eje principal. Más que una deprecación, hubo un cambio de prioridad: el centro de gravedad empezó a acomodarse hacia la construcción de una nueva base sólida para la aplicación mobile, un punto de partida que no existía antes.
La conversación dejó de girar en torno a optimizar lo existente y pasó a concentrarse en algo más estructural: cómo construir una fundación para la aplicación mobile que pudiera sostener la nueva etapa de Kavak y habilitarla a moverse con velocidad.
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Ese matiz es importante, porque trabajar sobre algo existente tiene una lógica. Trabajar sobre algo que está naciendo y creciendo al mismo tiempo, exige otra.
Cuando empezamos a profundizar nos encontramos con que existían múltiples universos conviviendo bajo la misma marca: la aplicación principal, Kopi (una adquisición con su propio recorrido), y variaciones entre países. Cada uno había desarrollado su propia manera de resolver componentes, estilos y decisiones
de diseño.
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Además, había un factor organizacional ineludible. Kavak atravesaba un momento de rediseño organizacional: cambios internos, nuevos liderazgos, ajustes de visión y alcance. Por eso nos integramos en ese contexto, adaptándonos con ellos desde el primer momento. Entendimos que no alcanzaba con ejecutar lo que estaba acordado al inicio, había que leer el momento, ajustarse a medida que la organización se acomodaba, y sostener el proceso con flexibilidad.
En ese contexto se redefinió el alcance. No era momento de intervenir en flujos completos ni de impulsar un rediseño identitario profundo. Primero había que estabilizar para poder construir una base sólida que permitiera escalar sin fricción.
El trabajo empezó por donde suele empezar lo estructural: los tokens.
Color, tipografía, espaciado, grillas, layout… No es la parte más visible del proceso, pero es donde se define la consistencia real. A partir de ahí, avanzamos con los átomos (componentes esenciales) para poder ir después, hacia estructuras más complejas, organizadas bajo la lógica de Atomic Design.
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Hubo una decisión consciente de no expandir el alcance más allá de lo acordado. Podíamos proponer cambios más ambiciosos, incluso más distintivos desde lo visual, pero la necesidad del momento era operativa: velocidad, coherencia, eficiencia. Cualquier gesto identitario que no estuviera alineado internamente corría el riesgo de convertirse en una discusión paralela.
Durante todo el proceso nos hicimos parte del equipo con dailys que, además de servir para revisar avances, servían para entender cómo el equipo estaba utilizando lo que construíamos. Los componentes se probaban en flujos reales, se levantaban dudas, se ajustaban variables.
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Además, al correr el tiempo, surgió una necesidad que no estaba en el acuerdo original: los equipos de ingeniería necesitaban acompañamiento para la adopción del nuevo sistema. El equipo decidió sumarse a ese proceso sin que fuera parte del scope inicial.
Esa decisión habla de algo más profundo que la entrega técnica: la disposición a cubrir los espacios que aparecen, a estar presentes donde hace falta, incluso cuando nadie lo pidió explícitamente.
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En lugar de resolverlo solo desde el diseño, propusimos abrir una instancia de trabajo más estratégica: un workshop enfocado en cómo escalar un design system a nivel organizacional.
Qué implica gobernarlo, cómo se documenta para que el conocimiento no dependa de una sola persona, cómo se gestiona un cambio, cómo se mide la adopción y cómo se construye autoridad alrededor del sistema hasta que se vuelve parte de la cultura y no una imposición.
La idea fue introducir una lógica progresiva: educar, involucrar y evolucionar. No pretender adopción total desde el inicio, sino comenzar con un equipo, medir impacto, escuchar el feedback y ayudarlos a escalar de una manera más sana para la empresa.
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El resultado fue un sistema robusto, con más de 2.200 componentes estructurados, documentados y organizados para facilitar tanto el diseño como el handoff hacia desarrollo. El foco estuvo puesto en mobile, construyendo una fundación que no existía antes y que habilita a Kavak a moverse con velocidad real en su aplicación.
Kavak buscaba estructura y velocidad para su equipo de diseño, y se llevó además una base que les permite escalar la aplicación mobile con previsibilidad y sin fricción.
Una fundación que ya está habilitando movimiento, y que cuando el momento llegue, pueda extenderse.
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